Como ocurre con muchos modelos de alojamiento colaborativo, este tipo de estancias urbanas compartidas tiene su origen en Silicon Valley, donde la escasez de vivienda coincidió con la llegada de numerosos jóvenes profesionales a San Francisco interesados en convivir y socializar en entornos compartidos.
En ese contexto comenzaron a surgir edificios donde los residentes no solo compartían zonas comunes, sino también actividades, intereses y experiencias durante su estancia. Este modelo evolucionó hacia alojamientos diseñados para combinar comodidad, interacción social y una experiencia urbana más dinámica, especialmente atractiva para quienes se trasladan temporalmente a una ciudad por ocio, turismo o experiencias personales.